Un motor eléctrico es un dispositivo que se encarga de transformar la energía eléctrica en energía mecánica a través de los campos magnéticos que se generan en sus bobinas. Este tipo de motores suelen ser frecuentes en el sector comercial y en el industrial.


El uso de motores eléctricos está extendido en una amplia variedad de maquinaria que a día de hoy es imprescindible para el desarrollo de actividades productivas. Aunque se trate de elementos a los que en el día a día no se da demasiada importancia, la avería de uno de ellos puede suponer importantes pérdidas para una empresa si debe paralizar o ralentizar su producción.

Lo mejor para que los motores eléctricos funcionen en óptimas condiciones es contar con un servicio regular de mantenimiento que permita detectar posibles fallos antes de que estos acaben provocando una avería.

Una vez que el motor eléctrico ha fallado, son varias las opciones: se puede comprar una pieza nueva, se puede arreglar la pieza averiada o se puede comprar una pieza de segunda mano.

Comprar una pieza nueva supone una mayor inversión de dinero y tiempo mientras se espera hasta que llegue el recambio. Optar por arreglar el motor estropeado implica también esperar un plazo de tiempo por poco que sea hasta que la pieza está lista para volver a instalarse de nuevo, por eso es frecuente en estos casos comprar motores eléctricos de segunda mano.

Este tipo de motores son motores que han sido extraídos de maquinaria que se ha reciclado o que han sido arreglados en su momento pero no han vuelto a instalarse en la maquina original que los albergaba.

Recurrir a piezas de segunda mano en estos casos puede reportar importantes ventajas. La primera de ella es que se ahorra dinero ya que una pieza de segunda mano siempre es más barata que una nueva, además de contar con un período de garantía. La segunda gran ventaja es que se ahorra tiempo ya que la pieza puede instalarse de forma prácticamente inmediata.